18 de diciembre de 2011

Recuerdos de aquellos días de diciembre del 2001

Hace ya 10 años vimos como nuestra querida Argentina sangraba. Aquellos recuerdos del 19 y 20 de diciembre del 2001 jamás se borraran de las pupilas de muchos de nosotros, aunque cada uno lo haya vivido de diferente manera.
En particular recuerdo que Pato, mi hermana, estaba a punto de parir su primer hijo, el primer sobrino y el primer nieto de la familia.

Ya me había mudado a Caballito, donde las cacerolas gritaban e insultaban en cada esquina, las asambleas correaban la reorganización e invitaban a establecer un nuevo poder. Era el período del "Estado de Asamblea Permanente" y el "Club del Trueque" ya estaba formalizado.

En las cercanías al Obelisco, donde me presentaba a trabajar diariamente, distintas organizaciones se manifestaban y eran reprimidas con gases, palos y balas. Los motoqueros formados cuan caballeriza montada abrían comino para que las masas avancen al grito de "que se vayan todos".

Desde el no poder ejercido desde la Rosada, el gobierno de Fernando De la Rúa había decretado el "Estado de Sitio". En el mismo lugar en dónde la desnutrición hacía estragos. Las estadísticas indicaban que 3 de 4 pibes que nacían en Argentina lo hacían en un hogar pobre. El ex ministro de economía Domingo Cavallo, el mismo que había dirigido el camino neoliberal en Argentina con ajustes y privatizaciones de Empresas Estatales en la década pasada, ya había establecido el corralito y las monedas alternativas, como el Patacón, en Buenos Aires, eran de uso común en todo el país.

Muchos amigos y compañeros del secundario ya habían migrado a Europa, EEUU o algún otro país en busca de mejores condiciones de vida pero sobre todo un trabajo estable.

Particularmente, decidí acompañar en esos angustiosos días a mi familia en el barrio, en Banfield, donde reinaba el caos, como en la mayoría de las principales ciudades de la provincia de Buenos Aires y del interior del país.

Recuerdo como la gente hacía cola en los mayoristas de almacén o supermercados sobre Camino Negro para pedir harina, fideos o algún comestible. Poder llevar digna comida a la mesa para los hijos se había transformado en una pesadilla a esa altura.

Los grandes galpones cerraban sus puertas y la desesperación llegaba a todos los necesitados. El descontrol se apoderaba de los desprovistos y algún que otro oportunista. 



Los saqueos comenzaban cuando se lograba cortar las persianas de los comercios. Hasta las casas de electrodomésticos fueron alcanzadas de despojos y con ellas llegaban las corridas. La policía llegaba para dispersar a la gente con sus changuitos llenos de alimentos y con el oportunismo bonaerense de siempre lograba amedrentar a la población.

Luego llegaron los justicieros del barrio para cuidar a los pequeños comercios. Se montaban reducidas guardias en las esquinas, evitando así que ingresen cualquier vecino anónimo y, por otro lado, otros tantos pibes  en la puerta del comercio. Pasada la noche nefasta aún se recuerda, en toda anécdota pública, al dueño del supermercado coreado del barrio, repartiendo gaseosas y cervezas como agradecimiento por la colaboración prestada.

La policía supo captar este espacio de “protección territorial” y llevaba a cada barrio su versión. En violenta camioneta blanca y protegidos con escopetas doble calibre se paseaban agitando la bandera del “vienen por sus cosas”, y así, el vecindario se solidarizaba con la protección comercial. De esta manera, los uniformados lograban que la población no abandone el barrio y se paseara más allá de la Gral. Paz, al mismo tiempo que generaba odio entre los vecinos.

"Vienen por nuestras casas también", decían algunos atemorizados en los imprevistos refugios y mostraban sus armas con la cuál se defenderían.

Fue un momento de crisis especial, algunos ni dormimos la noche del 19. Al día siguiente la crisis se profundizó en todo el territorio nacional. El presidente abandonó la casa de gobierno, vía helicóptero sobre la terraza de la casa de Gobierno, y triunfaba la calle, la expresión de un pueblo, la pueblada se trasformaba en el Argentinazo, como dicen algunos.

Es el día de hoy que aún seguimos contando a los que pusieron más que el cuerpo en esos días. Ayer justamente en Tiempo Argentino salió un análisis de cuántos eran los asesinados y quienes los asesinos, aunque todavía las fuerzas de seguridad deben una respuesta y la justicia firmes sentencias.

Pato tuvo a Lautaro el 28, en el angustioso mes de diciembre, pero no sólo él es hijo de la crisis sino que todos los que vivimos ese periodo somos hijos de esa revolución. Todos nosotros pertenecemos a la generación del 19 y 20 de diciembre del 2001.

Hoy la actualidad es otra pero nunca debemos olvidar esos crudos días donde la sociedad parió una nueva generación y mi hermana a mi primer ahijado.



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