El sábado 15 de octubre pasado los indignados se manifestaban en las principales 951 ciudades de 82 países del mundo. Más allá de la baja participación que tuvo la jornada, lo notable fue la organización masiva en distintos puntos estratégicos de la sociedad capitalista.
Bajo la iniciativa “unidos por un cambio global”, lo que se criticó al unísono fue el nefasto modelo financiero especulativo, como así también a las corporaciones.
Una de las características comunes que se vieron en todas estas expresiones fueron la cantidad de jóvenes, en muchos casos desempleados y desesperanzados tratando de forzar una alternativa política, social y económica que los involucre y contenga.
Sinceramente, da gusto ver a la sociedad en su máxima expresión y que se comparta el sentimiento de un sistema fracasado que hay que reemplazar, pero no sólo son los indignados a los que hay que salvar. Existen en mundo millones de voces olvidadas, las cuales son ajenas de todo tipo de manifestación, son los olvidados de siempre.
Los indignados se comunican y organizan sus acampes o manifestaciones por medio de teléfonos móviles inteligentes, los olvidados por lo general son analfabetos y carecen del derecho a la comunicación.
Los indignados están cercados por una sociedad que los eliminó y/o les recortó algún beneficio, pero los olvidados están oscuramente excluidos de la sociedad. Estos mismos indignados se instalaron en la calle, los olvidados, en el mejor de los casos, viven en la calle.
En una carpa se pasan las horas del día elaborando estrategias para continuar la protesta mientras que los olvidados se pasan el día revisando las bolsas de basura en busca de algún alimento desperdiciado que consumir.
Estos mismos olvidados, son los nadies, del Libro de los Abrazos del poeta uruguayo Eduardo Galeano, quien los describe como aquellos que pretenden cambiar el mundo pero cuestan menos que las balas que los matan, son ellos que no tienen voz ni voto pero sin querer, y casi sin darse cuenta, pasan a estar del mismo lado.
Desfavorecidos antes de nacer, olvidados antes que los recuerden, son los perdedores de siempre, son los que no llegarán nunca a ser indignados porque ni siquiera están incluidos.
De igual manera, siempre se corre a salvar a los que prestan, en lugar de a los que viven de prestado, se ayuda a los ricos con el dinero de los pobres. Si ya sé..., el socialismo es deplorable, catastrófico, fatal y calamitoso, salvo cuando se trata de garantizar al capitalismo.
Ya lo decía en una de sus precisas reflexiones el Comandante Fidel: “El fracaso del capitalismo no se mide por la gravedad de sus crisis, sino por la exclusión de los bienes esenciales de la 2/3 partes de la humanidad”.


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