
Hace ya largo tiempo, los grandes medios de Argentina se han convertido en administradores del miedo y generadores de incertidumbre.
No hace falta leer sus columnas de opinión, donde bajan la línea editorial, ni el análisis de las notas en sus primeras páginas políticas, simplemente hay pasar por el puesto de diario de la esquina y mirar los títulos de las tapas para estremecerse frente al canillita.
Los dos últimos temas económicos financieros fuertes que encaró el gobierno, luego de las históricas elecciones, fueron motivo para emprender un enfoque descalificador, aterrador y de perplejidad compleja frente a la opinión pública.
Por un lado, la AFIP sumó un paso adicional on line a las operaciones de compraventa de divisas en donde verifica la capacidad económica que registra el destinatario, ya sea a personas o empresas, antes de permitir la operación. En conferencia de prensa el ministro de economía, Amado Boudou, afirmaba que las medidas tienden sólo a verificar el origen de los fondos con los cuales se realiza la operación cambiaria.
Asimismo, el otro argumento conflictivo es el fin de los subsidios indiscriminados de agua, energía y transporte a las empresas del sector financiero, conjuntamente con el anuncio del traslado del funcionamiento del subte y premetro al Gobierno de la Cuidad de Buenos Aires.
Ahora bien, el desesperanzador mensaje que dejan los medios masivos de comunicación en Argentina es la peor oposición al cualquier control o ajuste que el gobierno quiera afrontar.
Evidentemente, bajo éste gobierno no hay salida posible si no es con una crisis política económica, esas que a cualquier oposición le gustaría liderar.
Ellos toman el comando de control de las operaciones y dirigen a los gendarmes del espanto, juntamente con los jefes informativos de las cadenas de TV, organizan flemáticos levantamientos mediáticos capaces de transmitir en vivo y en directo, en forma casi ininterrumpida y con material o recurso audiovisual escaso o nulo.
Apoyados con sus elegantes y excesivas opiniones vaticinan desconfianza cuando sólo deberían apuntar a difundir información legítima, verídica y de actualidad.
En cadena y en confabulación asumen el protagonismo y se olvidan del destinatario final: el consumidor, que gracias a la tecnología y a la maltratada Ley de Medios encuentra refugio y protección en otras voces más alentadoras.
Bombardeo informativo preciso sin pocas novedades pero con mucha repetición hacen de la guerra mediática un dolor interminable.
Este es uno de los principales esfuerzos en donde debe encauzarse el Estado, quien debe estar presente y atento para malograr cualquier intento desestabilizador. Al imperio informativo se lo combate con muchas voces y ésta no deja de ser una más.


Chime:
ResponderEliminarPrimero cuando hablas de medios supongo que te referis al grupo Clarín, ya que no recuerdo ahora otro medio netamente opositor. Convengamos que casi todos los medios son de tinte oficialista hoy en día.
Segundo, el miedo es lo que vende. La exageración (o sensacionalismo) SIEMPRE fue un clásico para atraer al lector, en definitiva para vender más.