Ayer comenzó en el Congreso Nacional un debate que se debe la sociedad argentina desde hace tiempo. La despenalización y lagalización del aborto dio el primer paso en la Cámara de Diputados.
Este debate no es uno más sino que es otro que se da en el seno de un cambio en el paradigma social y cultural argentino, y no es casual que se dé justamente bajo la presidencia del gobierno de CFK.
Seguramente, al igual que por la ley de matrimonio igualitario va a cruzar transversalmente a todos los congresistas más allá de su entidad partidaria.
Las frías estadísticas indican que en Argentina se practican en la clandestinidad más 500 mil abortos por año y, precisamente, es en este país donde se da uno de los mayores índices del mundo, asimismo se puede precisar que América Latina es la región donde más se practican.
Según estudios realizados por especialistas de Naciones Unidas han encontrado que el aborto es la causa más importante de muerte materna en todos los grupos de más de 20 años de edad.
Entiendo que todos tenemos al menos algún conocido que pasó por esto. Es de mutuo conocimiento que ante embarazos donde corre riesgo la vida o la salud de la mujer, como puede ser una mal formación grave del feto o casos extremos de violación, es necesario interrumpir el embarazo, la decisión la debería tener exclusivamente la mujer, y es el Estado quien debería estar presente, garantizar y acompañar esta decisión en forma segura y gratuita.
Debemos ser consientes que la baja o escasa información sobre métodos anticonceptivos y la disponibilidad de estas prácticas mayormente en adolecentes marginales recrudece aún más los índices mencionados.
Intuyo que los únicos capacitados para tomar una decisión semejante son los profesionales y son justamente ellos a donde tenemos que refugiarnos para comprender un poco más sobre los perjuicios que pueden someterse una mujer que debe tolerar esta circunstancia. Pero entiendo que judicialmente hay que darles las herramientas necesarias para actuar en consecuencia.
Uno puede estar en contra del aborto, no me caben dudas y realmente comparto este sentimiento porque soy hijo, compañero y por sobre todo padre de una niña, sin embargo lo que no podemos estar es en contra de la legalización y despenalización de la práctica abortiva.
Es mi deseo que el Estado esté capacitado para resolver este conflicto y no deje sin protección a los que menos tienen, principalmente aquellas niñas marginales, las que no pueden ni tienen la posibilidad de responder satisfactoriamente ante un caso semejante.
Vuelvo a brindar por el debate, por la iniciativa, porque la tan deseada discusión recién comienza, pero principalmente porque creo que estamos creciendo como sociedad por la misma fuerza del amor.

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