De muy chicos luchamos para expresarnos, quizás y particularmente, por distintos conflictos externos que marcan la infancia. De adolecentes encontramos la vocación y nos profesionalizamos en ella, tomamos como objetivo graduarnos en la profesión que nos dio vida y aunque no podamos, en muchos casos, vivir de ella, la tomamos como una gran ayuda. Conscientes que somos lo que expresamos, sentimos lo que expresamos y amamos a quien le llega al corazón y al alma esta expresión. Amamos a quien coincide con nuestra expresión y la mantiene viva. De esta manera ya no es sólo un cuerpo quien se expresa sino una conjunción de cuerpos enlazados quienes se expresan y ya cuando estas expresiones compartidas toman fuerza, comienza a expandirse una expresión mucho más fuerte.
Hoy con una expresión un poco más madura, con varios objetivos cumplidos y conscientes de lo trascendental de la expresión decimos continuar sembrando. No tenemos ninguna duda y estamos capacitados para aprender de los errores, superando cualquier obstáculo que conlleve está decisión. No sólo tiene la valoración de un acto fortuito sino la carga de la mejor de las expresiones que transforma el principal sentimiento de la vida misma en un hecho real y concreto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Los comentarios van a estar moderados por inciativa del administrador.